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¿Por qué los católicos veneran imágenes y no las adoran, si la Biblia prohíbe las imágenes?

Explico brevemente por qué la Iglesia permite la veneración de imágenes y cómo no contradice la prohibición bíblica.

Revisada por Maná · Publicada 5 fuentes

Explico brevemente por qué la Iglesia permite la veneración de imágenes y cómo no contradice la prohibición bíblica.

La prohibición bíblica

La Escritura prohíbe fabricar imágenes para adorarlas y exige que no haya otros dioses; es la base contra la idolatría.

Sagrada Escritura
No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos.
Éxodo 20,3-6 — El Libro del Pueblo de Dios[1]Leer en contexto →
1Sagrada EscrituraÉxodo 20,3-6 — El Libro del Pueblo de Dios
No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos.
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La distinción cristiana entre adoración y veneración

El Magisterio enseña que venerar una imagen no es adorarla; el honor va al original que ella representa, no a la materia.

Magisterio de la Iglesia
El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, “el honor dado a una imagen se remonta al modelo original” (San Basilio Magno, Liber de Spiritu Sancto, 18, 45), “el que venera una imagen, venera al que en ella está representado” (Concilio de Nicea II: DS 601; cf Concilio de Trento: DS 1821-1825; Concilio Vaticano II: SC 125; LG 67). El honor tributado a las imágenes sagradas es una “veneración respetuosa”, no una adoración, que sólo corresponde a Dios: «El culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que ella es imagen» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 81, a. 3, ad 3).
Catecismo de la Iglesia Católica, 2132[2]Leer en contexto →
2Magisterio de la IglesiaCatecismo de la Iglesia Católica, 2132
El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, “el honor dado a una imagen se remonta al modelo original” (San Basilio Magno, Liber de Spiritu Sancto, 18, 45), “el que venera una imagen, venera al que en ella está representado” (Concilio de Nicea II: DS 601; cf Concilio de Trento: DS 1821-1825; Concilio Vaticano II: SC 125; LG 67). El honor tributado a las imágenes sagradas es una “veneración respetuosa”, no una adoración, que sólo corresponde a Dios: «El culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que ella es imagen» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 81, a. 3, ad 3).
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Fundamento en la Encarnación

Porque el Verbo se hizo visible en Cristo, la Iglesia considera legítimo usar imágenes que nos conducen al Misterio encarnado.

Magisterio de la Iglesia
Fundándose en el misterio del Verbo encarnado, el séptimo Concilio Ecuménico (celebrado en Nicea el año 787), justificó contra los iconoclastas el culto de las sagradas imágenes: las de Cristo, pero también las de la Madre de Dios, de los ángeles y de todos los santos. El Hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva “economía” de las imágenes.
Catecismo de la Iglesia Católica, 2131[3]Leer en contexto →
3Magisterio de la IglesiaCatecismo de la Iglesia Católica, 2131
Fundándose en el misterio del Verbo encarnado, el séptimo Concilio Ecuménico (celebrado en Nicea el año 787), justificó contra los iconoclastas el culto de las sagradas imágenes: las de Cristo, pero también las de la Madre de Dios, de los ángeles y de todos los santos. El Hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva “economía” de las imágenes.
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Para qué sirven las imágenes

Las imágenes despiertan y alimentan la fe: nos orientan a Cristo y a la oración, no sustituyen la adoración que es solo para Dios.

Magisterio de la Iglesia
Las imágenes sagradas, presentes en nuestras iglesias y en nuestras casas, están destinadas a despertar y alimentar nuestra fe en el Misterio de Cristo. A través del icono de Cristo y de sus obras de salvación, es a Él a quien adoramos. A través de las sagradas imágenes de la Santísima Madre de Dios, de los ángeles y de los santos, veneramos a quienes en ellas son representados.
Catecismo de la Iglesia Católica, 1192[4]Leer en contexto →
4Magisterio de la IglesiaCatecismo de la Iglesia Católica, 1192
Las imágenes sagradas, presentes en nuestras iglesias y en nuestras casas, están destinadas a despertar y alimentar nuestra fe en el Misterio de Cristo. A través del icono de Cristo y de sus obras de salvación, es a Él a quien adoramos. A través de las sagradas imágenes de la Santísima Madre de Dios, de los ángeles y de los santos, veneramos a quienes en ellas son representados.
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De dónde viene esta respuesta

Fuentes para profundizar

Las citas conservan el texto de las fuentes. Cada referencia indica si se trata de Escritura, Magisterio, comentario, devoción o vida de un santo.

1Sagrada EscrituraÉxodo 20,3-6 — El Libro del Pueblo de Dios
No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos.
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2Magisterio de la IglesiaCatecismo de la Iglesia Católica, 2132
El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, “el honor dado a una imagen se remonta al modelo original” (San Basilio Magno, Liber de Spiritu Sancto, 18, 45), “el que venera una imagen, venera al que en ella está representado” (Concilio de Nicea II: DS 601; cf Concilio de Trento: DS 1821-1825; Concilio Vaticano II: SC 125; LG 67). El honor tributado a las imágenes sagradas es una “veneración respetuosa”, no una adoración, que sólo corresponde a Dios: «El culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que ella es imagen» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 81, a. 3, ad 3).
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3Magisterio de la IglesiaCatecismo de la Iglesia Católica, 2131
Fundándose en el misterio del Verbo encarnado, el séptimo Concilio Ecuménico (celebrado en Nicea el año 787), justificó contra los iconoclastas el culto de las sagradas imágenes: las de Cristo, pero también las de la Madre de Dios, de los ángeles y de todos los santos. El Hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva “economía” de las imágenes.
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4Magisterio de la IglesiaCatecismo de la Iglesia Católica, 1192
Las imágenes sagradas, presentes en nuestras iglesias y en nuestras casas, están destinadas a despertar y alimentar nuestra fe en el Misterio de Cristo. A través del icono de Cristo y de sus obras de salvación, es a Él a quien adoramos. A través de las sagradas imágenes de la Santísima Madre de Dios, de los ángeles y de los santos, veneramos a quienes en ellas son representados.
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5Devoción (oraciones y novenas; no es Magisterio)Ángelus (Tradición de la Iglesia) — Devocionario de Maná
V. El ángel del Señor anunció a María. R. Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. Dios te salve, María... V. He aquí la esclava del Señor. R. Hágase en mí según tu palabra. Dios te salve, María... V. Y el Verbo se hizo carne. R. Y habitó entre nosotros. Dios te salve, María... V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Oremos. Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas, para que los que hemos conocido, por el anuncio del ángel, la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, lleguemos por los méritos de su Pasión y su Cruz, a la gloria de la Resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
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Respuesta preparada con ayuda de inteligencia artificial a partir de las fuentes de Maná y revisada antes de publicarse. La explicación orienta la lectura de esas fuentes y no reemplaza el acompañamiento personal de un sacerdote.

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